Daniela Moya Argandoña
Directora área de Gastronomía
Santo Tomás Copiapó
Marzo marca el inicio de un nuevo año académico. Es tiempo de desafíos, metas y adaptación a nuevas rutinas, tanto para estudiantes de enseñanza básica y media como para quienes comienzan su camino en la educación superior. En este escenario, existe un factor silencioso pero determinante en el rendimiento académico: la alimentación.
Muchas veces centramos la conversación en útiles escolares, horarios o metodologías de estudio, pero olvidamos que el aprendizaje comienza también en el plato. El cerebro necesita energía y nutrientes de calidad para funcionar correctamente. Un estudiante que no desayuna o que basa su alimentación en productos ultraprocesados difícilmente podrá mantener niveles óptimos de concentración, memoria y energía durante la jornada.
Una alimentación balanceada no es sinónimo de grandes gastos ni de dietas restrictivas. Se trata de decisiones conscientes: no omitir el desayuno, incorporar frutas y verduras a diario, preferir cereales integrales, sumar proteínas de calidad como huevos y legumbres, e incluir pescados ricos en omega 3 que contribuyen al desarrollo cognitivo. Asimismo, la hidratación es fundamental. El agua debe ser la principal fuente de líquido, especialmente en jornadas extensas de estudio.
En niñas, niños y adolescentes, cuyos procesos de crecimiento y desarrollo cerebral están en plena evolución, estos hábitos resultan aún más determinantes. En jóvenes de educación superior, en tanto, una alimentación adecuada permite enfrentar largas horas de clases, estudio autónomo y evaluaciones, evitando la fatiga y los cambios bruscos de energía que provocan el exceso de azúcar o bebidas energéticas.
Desde Santo Tomás Copiapó entendemos la alimentación como un eje central del bienestar integral. En la carrera de Gastronomía Internacional y Tradicional Chilena no solo formamos profesionales con competencias técnicas, sino también personas conscientes del impacto que tiene la cocina en la salud, la cultura y la calidad de vida de las comunidades. Promovemos el uso responsable de ingredientes, la valoración de productos locales y una mirada que integra sabor, tradición y equilibrio nutricional.
Fomentar una cultura alimentaria saludable no solo mejora el rendimiento académico, sino que siembra bases sólidas para una vida más sana y consciente.
Porque educar también es enseñar a alimentarse bien.
