Priscilla Ferrera Santander

Directora Área Administración

Santo Tomás Copiapó

Cada 1 de mayo, en el marco del Día Internacional del Trabajo, se nos presenta una valiosa oportunidad para reflexionar sobre el rol que cumple el trabajo en nuestras vidas y en la construcción de una sociedad más equitativa y sostenible. Más allá de su dimensión económica, el trabajo es también una fuente de desarrollo personal, de dignidad y de aporte al bien común.

Hoy, enfrentamos un escenario laboral marcado por cambios profundos. La transformación digital, las nuevas formas de empleo y las crecientes expectativas en torno al bienestar y la calidad de vida han redefinido la manera en que entendemos el trabajo y las organizaciones. En este contexto, se vuelve fundamental avanzar hacia modelos de gestión que sitúen a las personas en el centro.

Desde el ámbito de la administración, este desafío implica formar profesionales capaces de adaptarse a entornos dinámicos, pero también de liderar con sentido ético, promoviendo culturas organizacionales basadas en el respeto, la inclusión y la colaboración. No se trata solo de alcanzar resultados, sino de cómo estos se logran y del impacto que generan en las personas y en la sociedad.

Las áreas de recursos humanos, en particular, han adquirido un rol estratégico en este proceso. Su labor ya no se limita a la gestión administrativa, sino que se orienta a potenciar el desarrollo de los equipos, fortalecer el compromiso y construir entornos laborales saludables que favorezcan tanto la productividad como el bienestar.

En este escenario, la formación en carreras como Ingeniería en Administración de Empresas y Técnico en Administración de Recursos Humanos resulta clave para responder a las demandas actuales del mundo laboral. Preparar profesionales con una mirada integral, capaces de tomar decisiones informadas y de gestionar equipos con empatía y visión de futuro, es parte esencial del aporte que podemos hacer desde la educación.

Conmemorar el Día del Trabajo es también reconocer la importancia de seguir avanzando hacia espacios laborales más justos, donde cada persona pueda desarrollarse plenamente. El desafío está en construir organizaciones que no solo sean eficientes, sino también humanas, entendiendo que el verdadero motor del desarrollo siempre serán las personas.