Daniela Moya Argandoña
Directora Área Gastronomía
Santo Tomás Copiapó
Hablar de gastronomía sostenible ya no es una tendencia, sino una necesidad urgente. La forma en que producimos, elegimos, cocinamos y consumimos alimentos tiene un impacto directo en la salud de las personas, en el equilibrio de los ecosistemas y en la identidad de los territorios.
Desde la formación de los futuros profesionales del rubro, este enfoque cobra una relevancia estratégica. No se trata únicamente de enseñar técnicas culinarias, sino de moldear una conciencia profunda respecto al origen de los productos, el respeto por la estacionalidad, el uso responsable de los recursos y la reducción del desperdicio alimentario, uno de los grandes desafíos globales.
En este escenario, la Región de Atacama, con su rica diversidad geográfica y cultural, ofrece una oportunidad única para desarrollar una cocina con identidad propia. Los productos locales, las tradiciones culinarias y los saberes transmitidos por generaciones forman parte de un patrimonio vivo que debe ser valorado, protegido y proyectado hacia el futuro.
Al respecto, Daniela Moya Argandoña, directora del Área de Gastronomía de Santo Tomás Copiapó, enfatiza que “la gastronomía sostenible nos invita a mirar más allá del plato. Implica comprender el impacto de cada decisión que tomamos en la cocina, desde la elección de los ingredientes hasta la gestión de los residuos. Como formadores, tenemos la responsabilidad de instalar esa conciencia en nuestros estudiantes”.
En definitiva, la educación juega un rol fundamental. Formar técnicos y profesionales comprometidos con la sostenibilidad significa aportar no solo al desarrollo de la industria culinaria, sino también al bienestar de las comunidades y al cuidado del entorno. Avanzar hacia este modelo es un compromiso con el presente y el futuro; un llamado a cocinar con respeto, identidad y sentido de responsabilidad hacia nuestro planeta.
