Por Eugenio Albié, presidente de la Comunidad de Agua Gallo y Ferrera – Provincia del Huasco
Las recientes precipitaciones que afectaron a la Provincia del Huasco vuelven a poner en evidencia la vulnerabilidad de nuestra agricultura frente a eventos meteorológicos extremos. Sin embargo, estos fenómenos no son nuevos. La historia demuestra que el Norte Chico ha enfrentado reiteradamente temporales de gran magnitud, cuyas consecuencias han impactado el desarrollo productivo del territorio.
Los registros históricos muestran que ya en 1880 un extenso temporal provocó una crecida extraordinaria del río Huasco, aislando los asentamientos del valle. Años más tarde, en 1891, uno de los temporales más severos registrados en el norte de Chile provocó el desborde de los ríos Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, destruyendo caminos y afectando gravemente la actividad agrícola.
Con el paso de las décadas, la historia volvió a repetirse. En 1965, con la aparición del fenómeno de El Niño, intensas lluvias activaron múltiples quebradas en Alto del Carmen. En 1972 se registró el año más lluvioso del siglo XX; en 1984, solo durante julio precipitaron 176,7 milímetros; y en 1997, nuevamente El Niño provocó lluvias torrenciales que afectaron gran parte del valle del Huasco.
Más recientemente, en 2015, la elevada isoterma cero generó precipitaciones que provocaron inundaciones en Vallenar, Freirina y Huasco. Hoy, en 2026, enfrentamos el mayor registro de precipitaciones del que se tenga conocimiento, con acumulados que fluctuaron entre 120 y 200 milímetros en menos de 72 horas, dejando graves daños en infraestructura vial, agrícola y de riego.
Lo anterior tiene por objeto demostrar que el Norte Chico ha convivido históricamente con eventos meteorológicos que generan enormes pérdidas para la agricultura. No me cabe duda de que, en cada emergencia, las autoridades han hecho importantes esfuerzos por enfrentar la contingencia. Sin embargo, esas experiencias no siempre se documentan ni se transforman en aprendizajes permanentes que permitan actuar con mayor rapidez cuando estos episodios vuelven a repetirse.
Este es el término: rapidez
La recuperación de la principal actividad productiva de nuestra provincia tiene una cuenta regresiva muy corta. Una vez que disminuyen los caudales del río, la prioridad debe ser recuperar las bocatomas de las comunidades de aguas y reparar los canales de conducción para restablecer el riego. De ello dependen no solo la producción agrícola, sino también el abastecimiento de agua para la ganadería, la higiene de muchas familias rurales y el funcionamiento de diversos sistemas de Agua Potable Rural.
Por ello, resulta indispensable contar con protocolos claramente establecidos, recursos disponibles y mecanismos ágiles de respuesta.
Chile ha demostrado que es capaz de aprender de sus desastres naturales. Tras los terremotos de 1922 y 1928, el país desarrolló una normativa sísmica que ha evolucionado permanentemente y que hoy constituye un referente internacional.
¿Por qué no avanzar de la misma forma frente a las emergencias climáticas?
Creo que esa tarea debiera ser liderada por el Ministerio de Obras Públicas, en coordinación con los gobiernos regionales, municipios, juntas de vigilancia y comunidades de aguas, estableciendo protocolos de actuación, centros de acopio, disponibilidad de maquinaria y recursos para responder de manera inmediata.
La naturaleza no espera
El desarrollo fenológico de los cultivos tiene tiempos muy acotados y, en situaciones como la que vivimos, ese tiempo se está agotando. Si las acciones no llegan con la rapidez que la agricultura necesita, muchas de las cosechas proyectadas para los meses de octubre y noviembre simplemente no existirán.
