Aunque la presencia de esta especie se ha registrado anteriormente frente a Chañaral de
Aceituno, la persistencia observada en los últimos meses abre nuevas preguntas sobre las
condiciones oceanográficas que podrían estar favoreciendo su permanencia en el sector.
Durante los últimos meses, la Reserva Marina Isla Chañaral, parte del Archipiélago de
Humboldt y ubicada en el límite de las regiones de Coquimbo y Atacama, concentró la
atención de científicos y guías locales. Desde septiembre de 2025, cachalotes comenzaron
a avistarse de forma regular y continuaron observándose hasta enero de este año. Un
patrón poco habitual para una especie que, por lo general, es difícil de observar cerca de la
costa. Se trata del mismo “leviatán” que inspiró la novela Moby Dick, un gigante de aguas
profundas que destaca por su imponente apariencia y complejas estructuras sociales.
Estos avistamientos captaron la atención de la comunidad científica. Desde el Centro
Científico CEAZA, su director ejecutivo y especialista en mamíferos marinos, Carlos
Olavarría, señaló que como institución están interesados en investigar este fenómeno, en
paralelo y de manera complementaria a los estudios oceanográficos que ya desarrollan en
el archipiélago, los cuales podrían aportar antecedentes clave para comprender la presencia
de cachalotes en la zona.
Para Constanza Rojas, profesional del Centro Científico CEAZA, bióloga marina, estudiante
de doctorado en Biología y Ecología Aplicada de la Universidad Católica del Norte, Data
Manager de Happy Whale, guía de avistamiento de cetáceos en Chañaral de Aceituno y
quien además ha participado en campañas científicas de investigación sobre cachalotes en
las islas Galápagos con la Universidad de Dalhousie, este fenómeno debe analizarse con
cautela, pero también como una oportunidad científica.
“En general no es tan común ver cachalotes cerca de la costa, ya que ellos prefieren
profundidades de al menos 500 metros para encontrar sus presas, y suelen asociarse a
fuertes pendientes de profundidad”, explica. Sin embargo, añade que la zona alrededor de
Isla Chañaral presenta una particularidad clave: “Aquí hay una fuerte pendiente batimétrica
a tan solo seis millas náuticas de la costa, lo que permite que estos animales accedan
rápidamente a aguas profundas”. Esta característica convierte al sector en un punto
potencialmente atractivo para cachalotes en búsqueda de alimento.
Sobre la presencia histórica de esta especie en el sector, la investigadora señala: “En la
zona alrededor de Isla Chañaral existen registros históricos del investigador Anelio Aguayo
de cachalotes y en los años de turismo de avistamiento, se han observado ocasionalmente
tanto machos como clanes de hembras y juveniles; sin embargo, desde septiembre del año
pasado, los cachalotes se han avistado por mucho más tiempo en la zona”.
Surgencia, cañones submarinos y alimento disponible
El Archipiélago de Humboldt presenta una combinación poco frecuente de condiciones
oceanográficas que permiten la presencia simultánea de distintos tipos de grandes
cetáceos. Por un lado, los intensos procesos de surgencia costera inyectan nutrientes
desde aguas profundas hacia la superficie, generando una alta productividad biológica. Esta
productividad sostiene grandes concentraciones de krill, un pequeño crustáceo similar a un
camarón, que constituye la base alimentaria fundamental de ballenas barbadas como la
ballena fin, la ballena azul y la ballena jorobada.
Sin embargo, la presencia de cachalotes en la zona responde a un conjunto de condiciones
distintas. A diferencia de las ballenas barbadas, los cachalotes son odontocetos, es decir,
poseen dientes y se alimentan de presas de gran tamaño como calamares y peces como el
bacalao. Por esta razón, requieren de aguas profundas y la abundancia de krill por sí sola
no resulta determinante para su presencia.
En el entorno de Isla Chañaral se combinan estos dos factores clave: una elevada
productividad impulsada por la surgencia costera y sectores donde el fondo marino
desciende rápidamente a profundidades superiores a los mil metros. En relación a la
investigación del fondo marino, el Dr. Carlos Olavarría, director ejecutivo del Centro
Científico CEAZA comenta: «Al estudiar ballenas en el Archipiélago de Humboldt, también
realizamos investigación oceanográfica, que constituye uno de los componentes más
relevantes del trabajo en el sector”.
En ese contexto, el Dr. Olavarría explica: “Hemos podido identificar y mapear con bastante
precisión un cañón submarino ubicado al sur de Isla Chañaral, asociado a una parte
importante de la presencia de ballenas fin en la zona. Sin embargo, también hay otro cañón
que aparece por el lado norte de la isla, que presenta condiciones propicias para la
presencia de cachalotes y precisamente, es el lugar donde los hemos visto últimamente”.
En cuanto al turismo, el experto indica que los avistamientos han generado interés, pero
que la observación de cachalotes presenta desafíos: “Estos animales bucean mucho, por lo
que una embarcación puede pasar fácilmente hasta una hora esperando a que vuelvan a la
superficie”, explica. Por ello, destaca el uso de herramientas como los hidrófonos para
enriquecer la observación: “Los turistas van a estar escuchando a los cachalotes bajo el
agua, van a saber que están ahí y van a estar más interesados en poder esperar”.
Registros acústicos
En este sentido, Constanza destaca los registros acústicos de cachalotes realizados en la
reserva durante los últimos meses: “Pudimos registrar acústicamente clics de
ecolocalización, lo cual corresponde a una especie de sonar biológico que les permite
orientarse en la oscuridad de las profundidades, de forma similar a los murciélagos. Esto
nos indica que los cachalotes se encuentran alimentándose en la zona y además permite
obtener información clave sobre el número de individuos presentes y sus respectivos
tamaños. ¿Cómo? El intervalo de tiempo ‘intra-pulso’ de los clics del cachalote es
proporcional al tamaño de su cabeza y mediante una fórmula es posible estimar su tamaño
corporal total. Así, con al menos diez minutos de audio, podemos saber cuántos individuos
estaban presentes y de qué tamaño”, explica.
La cultura de los cachalotes: sociedades bajo el mar
Los cachalotes, al igual que otros cetáceos, destacan por una característica poco conocida
fuera del ámbito científico: poseen cultura. Esto significa que los individuos, organizados en
clanes culturales, aprenden conductas en base a la socialización, compartiendo
conocimientos que se transmiten de generación en generación. Dentro de estos
conocimientos se incluyen vocalizaciones únicas entre los distintos clanes, que funcionan
de manera similar a los idiomas o dialectos de las sociedades humanas. Los grupos que
conforman un mismo clan comparten un probable origen ancestral común, lo que hace que
sus vínculos sean más estrechos entre sí que con los grupos pertenecientes a otros clanes.
Según Constanza Rojas, quien además es coautora del estudio “Integrating cultural
dimensions in sperm whale (Physeter macrocephalus) conservation: threats, challenges and
solutions”, enfocado en la cultura y conservación de los cachalotes, explica: “Cuando
hablamos de cultura en el reino animal, hablamos de comportamientos y conocimientos que
comparten un grupo de individuos, los cuales son transmitidos socialmente”.
“En esta especie, los sistemas sociales son particularmente complejos. Las hembras y los
juveniles viven en clanes culturales liderados por hembras adultas, que habitan
principalmente aguas ecuatoriales y subtropicales y que pueden agrupar a varias unidades
familiares. Por otro lado, los machos, una vez alcanzada la pubertad, deben abandonar
estos clanes y se dispersan por el océano. Así, comienzan una vida semi-solitaria,
alimentándose hacia altas latitudes y sólo regresan a las zonas tropicales para aparearse”.
En este contexto, durante los últimos meses en el Archipiélago de Humboldt se registró la
presencia de cachalotes machos en comportamiento de alimentación, lo que se alinea con
el patrón de dispersión hacia altas latitudes que caracteriza a los individuos adultos de esta
especie. Además, mediante técnicas de fotoidentificación, a partir de imágenes de sus
aletas caudales (colas), fue posible reconocer a al menos 20 individuos distintos.
Los “idiomas” de los cachalotes
Al interior de estos clanes culturales, los cachalotes comparten y transmiten una serie de
comportamientos que moldean su forma de comunicarse, alimentarse y relacionarse. Uno
de los rasgos más distintivos es el uso de vocalizaciones conocidas como codas,
secuencias de clics que cumplen una función comunicativa. Constanza explica que “las
famosas codas son vocalizaciones de comunicación, compuestas por patrones de clics que
suenan similar a una clave morse”, y que estos patrones conforman repertorios propios de
cada clan.
Estas codas funcionan como verdaderos dialectos culturales. “Son como los idiomas, cada
clan tiene un dialecto diferente con marcas distintivas”, señala la investigadora. Así, por
ejemplo, el clan denominado “3R” se caracteriza por una coda identitaria de tres clics a
ritmo regular, mientras que el clan “Plus One” incorpora una pausa y un click adicional al
final de cada secuencia. Estas diferencias permiten distinguir clanes que incluso pueden
habitar las mismas zonas sin interactuar entre sí.
Sociedades complejas
Se ha descubierto que estos comportamientos no dependen, por ejemplo, de su hábitat, ya
que se han registrado clanes en un mismo lugar, con comportamientos y codas
completamente distintas. Así lo explica la investigadora: “Estos clanes no necesariamente
se separan geográficamente, algunos pueden vivir en las mismas zonas (clanes
simpátricos), pero sin interactuar entre ellos. En el Pacífico Este, se han identificado 7
clanes culturales. Otro factor interesante es que estos clanes culturales no presentan
diferenciación genética entre sí, por lo que sólo los podemos distinguir a través de sus
vocalizaciones”.
La cultura de los cachalotes y su conservación
“En los cachalotes, la cultura puede influir en su comportamiento incluso más que la
geografía o la genética”, explica Constanza. Esto significa que distintos grupos pueden
reaccionar de manera diferente frente a las mismas amenazas. En una especie donde
machos y hembras llevan vidas muy distintas, este enfoque se vuelve especialmente
relevante. “No se trata solo de proteger una población genética, sino también de resguardar
la diversidad cultural dentro de una población, ya que los conocimientos que se transmiten
son clave para su supervivencia”, destacó Constanza.
Constanza subraya que cuando un clan cultural disminuye o desaparece, la pérdida no es
sólo numérica. También se pierden conocimientos acumulados durante generaciones: “Si un
clan cultural pasa por un declive poblacional, por ejemplo, tras la caza ballenera, no sólo
pierden individuos y diversidad genética, sino también conocimientos ecológicos clave que
no pudieron ser transmitidos, afectando su supervivencia. Esto podría explicar las bajas
tasas de reproducción que tuvieron las poblaciones de cachalotes los primeros 15 años tras
la caza”.
Los últimos avistamientos de cachalotes en la Reserva Marina Isla Chañaral no solo
representan un fenómeno llamativo, sino también una oportunidad para profundizar en el
conocimiento de una especie muy compleja. Comprender por qué estos gigantes de aguas
profundas están utilizando este sector y cómo se relaciona su presencia con las condiciones
oceanográficas locales, abre nuevas líneas de investigación científica y refuerza la
importancia de estudiar ecosistemas únicos como el Archipiélago de Humboldt, uno de los
lugares con más biodiversidad marina en Chile y Latinoamérica.