Guillermo Aranda Barahona

Director Área Educación

Santo Tomás Copiapó

Las vacaciones de invierno suelen ser vistas como una pausa necesaria dentro del calendario escolar. Después de varios meses de clases, que traen consigo evaluaciones, tareas y responsabilidades académicas, niños, niñas, adolescentes y jóvenes requieren un espacio para descansar, recuperar energías y prepararse para enfrentar de mejor manera los desafíos del segundo semestre.

Sin embargo, este período representa mucho más que un simple receso. Es una oportunidad valiosa para promover experiencias de aprendizaje distintas, fortalecer los vínculos familiares y favorecer el desarrollo integral de los estudiantes fuera del entorno escolar.

Las vacaciones pueden transformarse en una instancia para compartir, escuchar, acompañar y generar experiencias significativas que contribuyan al crecimiento emocional y social de nuestros niños y jóvenes.

Es importante comprender que aprender no ocurre únicamente dentro de una sala de clases. La lectura por placer, las actividades artísticas, la práctica deportiva, las visitas a espacios culturales, los juegos de mesa e incluso las conversaciones cotidianas son experiencias que fortalecen habilidades fundamentales como la creatividad, la comunicación, el pensamiento crítico y la resolución de problemas.

Al mismo tiempo, estas semanas permiten que los estudiantes desarrollen una relación más equilibrada con el uso de las tecnologías. Si bien los dispositivos digitales forman parte de la vida diaria y ofrecen múltiples oportunidades de aprendizaje y entretenimiento, también es necesario promover un uso responsable y consciente, alternándolo con actividades presenciales, recreativas y familiares. Otro aspecto relevante es el bienestar emocional. Compartir tiempo de calidad, generar espacios de diálogo y demostrar interés por las emociones de niños y adolescentes contribuye de manera significativa a su desarrollo personal y autoestima.

Por supuesto, descansar también es parte fundamental de este proceso. Mantener hábitos saludables de sueño, alimentación y actividad física favorece una mejor calidad de vida y permite que los estudiantes regresen a clases con mayor energía, motivación y disposición para aprender.

Las vacaciones de invierno no deben entenderse como un tiempo perdido ni exclusivamente como una pausa académica. Son una oportunidad para fortalecer aquellos aprendizajes que nacen en la convivencia, en la exploración del entorno, en la lectura, en el juego y en las experiencias compartidas.